El debate televisivo reaviva las sospechas sobre el posible uso del software Pegasus contra el teléfono del presidente Pedro Sánchez durante un viaje oficial a Ceuta y Melilla

 

thumbnail

 

En el marco de un intenso debate televisivo sobre seguridad nacional, espionaje internacional y relaciones diplomáticas en el norte de África y Oriente Medio, se han reavivado antiguas sospechas en torno al presunto uso del software espía Pegasus contra altos cargos del Gobierno español, incluido el presidente Pedro Sánchez.

Las declaraciones, cargadas de especulación y lecturas políticas, han vuelto a situar en el centro de la conversación pública la vulnerabilidad de los dispositivos móviles de líderes mundiales y el alcance de los servicios de inteligencia.

Durante la conversación, uno de los analistas planteaba una hipótesis provocadora: la posible existencia de información sensible en manos de actores extranjeros que podría haber influido en decisiones estratégicas del Ejecutivo español.

“Yo creo que eso a mí lo que me suena es a una pretensión de lanzar un mensaje de advertencia a Pedro Sánchez de que tenga cuidado con lo que hace”, afirmaba, insinuando la existencia de dinámicas de presión indirecta.

El eje de la discusión giró rápidamente hacia el presunto espionaje mediante Pegasus, un software desarrollado por la empresa israelí NSO Group, diseñado —según su propia descripción— para su uso exclusivo por gobiernos.

En el debate se sugirió que este sistema habría permitido el acceso a comunicaciones privadas del presidente español.

“Pegasus se lleva todos los documentos que él haya podido recibir, pero se lleva todas sus conversaciones de WhatsApp”, se afirmó durante la emisión, subrayando la magnitud del supuesto acceso a datos.

 

Fernando Rueda, experto en servicios secretos: "Suena a un mensaje de advertencia a Pedro Sánchez: que

 

Según esta línea argumental, el teléfono del presidente habría sido comprometido durante un desplazamiento oficial a las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla, un punto especialmente sensible por su proximidad con Marruecos.

En palabras de uno de los participantes: “En concreto fue en un viaje a las plazas norteafricanas, Ceuta y Melilla.

El momento que pasó por el espacio aéreo… le colocaron el virus”.

El debate incorporó también la idea de que no solo el presidente habría sido objetivo de este tipo de intrusiones, sino también otros miembros del Ejecutivo.

Se mencionaron casos de dispositivos pertenecientes a la ministra de Defensa, el ministro del Interior y el titular de Agricultura.

Este patrón reforzaría la tesis de una operación más amplia contra infraestructuras gubernamentales sensibles.

Uno de los puntos más controvertidos del intercambio fue la supuesta relación entre el espionaje y decisiones de política exterior, especialmente el cambio de postura de España respecto al Sáhara Occidental.

En este contexto, se planteó una conexión indirecta entre información obtenida por espionaje y decisiones diplomáticas.

“Lo único que sabemos los seres humanos es que de repente entregamos, cambiamos nuestra postura sobre el Sáhara”, se escuchó en el análisis, sugiriendo una correlación sin aportar pruebas concluyentes.

 

FERNANDO RUEDA, PERIIODISTA Y ESCRITOR, EXPERTO EN SERVICIOS SECRETOS

 

La conversación derivó entonces hacia el papel de Marruecos e Israel en el ecosistema de inteligencia internacional.

Se mencionó a la empresa NSO Group como un actor clave, con vínculos indirectos con estructuras estatales israelíes.

“Es una empresa controlada por el Mosad”, se afirmó en el debate, aunque esta es una interpretación recurrente en ciertos círculos mediáticos y no una confirmación oficial.

En paralelo, se introdujo la idea de que servicios de inteligencia marroquíes podrían haber utilizado información obtenida mediante Pegasus como herramienta de influencia diplomática.

“Ahora empiezan a pedirte favores”, se dijo, en referencia a una supuesta lógica de chantaje basada en información sensible.

No obstante, el propio tono del debate reconocía la falta de evidencias verificables.

“Realmente no hay información y esto creo que lo tiene que saber todo el mundo, nos han ocultado todo aquello que tenga que ver con Pegasus y entonces realmente no lo sabemos”, se admitió durante la conversación, marcando un matiz importante entre hipótesis y hechos confirmados.

También se abordó el papel de la justicia española, recordando la investigación abierta en la Audiencia Nacional tras las denuncias por espionaje.

Según se expuso, la causa habría enfrentado dificultades por la falta de cooperación internacional: “Tuvo que sobreseer el caso por falta de colaboración del gobierno”, se mencionó en relación con la respuesta recibida desde Israel, país donde tiene sede la empresa desarrolladora del software.

 

Fernando Rueda, experto en servicios secretos: "Suena a un mensaje de advertencia a Pedro Sánchez: que tenga cuidado con lo que hace porque hay información de su teléfono"

 

El análisis incorporó además una reflexión sobre la naturaleza del espionaje moderno, donde la simple posesión de información sensible puede generar dinámicas de influencia sin necesidad de amenazas explícitas.

“En cuanto te hacen saber que tienen la información, tú ya sabes que la tienen y ahora empiezan a pedirte favores”, se resumió en el debate.

Hacia el final de la conversación, se introdujo una comparación con otros líderes internacionales que han enfrentado situaciones similares.

Se mencionó el caso de Emmanuel Macron como ejemplo de figuras políticas que han podido ser objeto de vigilancia digital.

Sin embargo, se subrayó que, en la mayoría de los casos, este tipo de incidentes no suele hacerse público de inmediato.

El debate concluyó con una reflexión sobre la imposibilidad de conocer completamente el alcance de estas operaciones.

“Yo es que creo que no lo vamos a saber”, se dijo, en referencia a la información supuestamente sustraída.

Una afirmación que resume el núcleo del asunto: la incertidumbre permanente en torno al espionaje digital y sus implicaciones geopolíticas.

Más allá de las especulaciones, el caso vuelve a poner sobre la mesa un debate global: la fragilidad de la seguridad digital de los líderes políticos, el papel de las empresas tecnológicas en el ámbito de la inteligencia y la creciente dificultad para distinguir entre hechos comprobados, filtraciones parciales y narrativas de influencia internacional.