En un momento histórico sin precedentes, varios de los más altos mandos militares que sirvieron bajo el expresidente Donald Trump han emitido declaraciones públicas contundentes, calificando a Trump como una amenaza directa a la Constitución de Estados Unidos y a la democracia misma.

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Estos testimonios provienen de figuras que ocuparon los cargos más importantes en la defensa nacional y que fueron seleccionados personalmente por Trump, lo que añade un peso extraordinario a sus denuncias.

 

El general Mark Milley, quien fue presidente del Estado Mayor Conjunto durante la administración Trump, abrió un discurso recordando el juramento que todos los militares estadounidenses hacen: no es un juramento a una persona, a un partido político o a un líder individual, sino a la Constitución de los Estados Unidos.

Milley enfatizó que la lealtad de las Fuerzas Armadas está con la Constitución y con la idea fundamental de América como república democrática, y que están dispuestos a morir para proteger esos valores.

 

Este juramento es el “norte moral” que guía a los militares, y cualquier desviación de este compromiso representa un peligro para la nación.

Milley advirtió que Trump no solo ignoró este principio, sino que actuó como un “dictador en potencia”, poniendo en riesgo la estabilidad constitucional.

 

Tres de los oficiales más poderosos que sirvieron bajo Trump han hecho públicas sus opiniones sobre su conducta y carácter:

– **Mark Milley**, presidente del Estado Mayor Conjunto, calificó a Trump como un fascista en esencia y el “mayor peligro” para la seguridad nacional, incluso más que enemigos extranjeros.

Esta evaluación no es una simple opinión política, sino un análisis profesional basado en décadas de experiencia militar y de inteligencia.

 

– **James Mattis**, exsecretario de Defensa y general de los Marines, expresó que Trump hizo una “burla” de la Constitución.

Mattis renunció a su cargo no por desacuerdos políticos menores, sino porque consideró que el enfoque de Trump era incompatible con los principios constitucionales que él había jurado defender.

 

– **John Kelly**, exjefe de gabinete de la Casa Blanca y también general de cuatro estrellas, reveló que Trump se refirió a los soldados caídos como “perdedores” y “tontos”.

Kelly, quien perdió a su propio hijo en combate, confirmó además que Trump contempló usar al ejército contra ciudadanos estadounidenses que tenían opiniones políticas opuestas a las suyas.

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Estas declaraciones no provienen de críticos externos ni de opositores políticos, sino de hombres que estuvieron en la sala de mando con Trump, que presenciaron sus decisiones y escucharon sus palabras en privado.

 

Los generales subrayan que Trump no respetó las instituciones fundamentales de la democracia estadounidense.

En lugar de verlas como pilares a proteger, las percibió como obstáculos para sus objetivos personales.

Quiso un ejército que le obedeciera a él directamente, jueces que fallaran a su favor y un Congreso que simplemente acatara sus órdenes.

 

Este patrón, según los militares, es característico de regímenes autoritarios y fascistas, donde el poder se concentra en un líder carismático y se suprimen las garantías democráticas.

 

Lo más alarmante es que estas críticas provienen de una amplia y bipartidista comunidad de exgenerales, almirantes, diplomáticos y funcionarios de seguridad nacional, tanto demócratas como republicanos.

Cientos de firmantes han alertado sobre el rumbo peligroso que tomó la gobernanza bajo Trump, señalando que representa una amenaza real para el orden constitucional.

 

Este consenso profesional, basado en la experiencia y el acceso privilegiado a la administración, ofrece a los votantes un argumento poderoso que va más allá de la retórica política habitual.

 

Trump ha construido gran parte de su imagen pública como el presidente más “pro-militar” de la historia, utilizando la bandera y el apoyo de las tropas como herramientas para su campaña.

Sin embargo, las declaraciones de Milley, Mattis y Kelly desmontan esa narrativa, mostrando a un líder que no solo despreció a los soldados caídos sino que también quiso instrumentalizar las fuerzas armadas para fines políticos internos.

 

Para los candidatos demócratas y otros opositores, estos testimonios representan un recurso político invaluable para alertar a la ciudadanía sobre los riesgos de un nuevo mandato de Trump.

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Los militares que rompieron su silencio lo hicieron porque creyeron que la amenaza era demasiado grave para guardar silencio.

Su deber constitucional, que juraron cumplir, les impuso la obligación de advertir a la nación.

 

Ahora, la responsabilidad recae en cada ciudadano que valora la democracia y el Estado de derecho: escuchar estas advertencias y actuar en consecuencia para proteger el sistema constitucional.

 

Las palabras de los generales y altos oficiales que sirvieron bajo Trump son una llamada urgente a la reflexión y a la defensa de los valores democráticos.

Calificar a un expresidente como “fascista” y “traidor” no es algo que se tome a la ligera en el ámbito militar, donde la neutralidad política es una tradición sagrada.

 

El futuro de la república estadounidense podría depender de cómo la sociedad responda a estas advertencias.

La historia juzgará si los estadounidenses estuvieron a la altura de preservar el legado constitucional que tantos sacrificios costó construir.