En la noche del 25 de octubre de 1982, la Ciudad de México se tiñó de sirenas y un silencio que nunca se rompió del todo.

La muerte de Viridiana Alatriste: la tragedia que persiguió por siempre a  Jaime Garza - Infobae
Viridiana Alatriste, la hija mayor de la icónica Silvia Pinal, murió en un accidente automovilístico que la opinión pública aceptó como un trágico error.

Sin embargo, décadas después, un testigo clave, el exchofer de la familia Pinal, ha decidido romper el silencio y revelar una verdad que muchos prefirieron ocultar: la muerte de Viridiana no fue un accidente.

 

Silvia Pinal, estrella indiscutible del cine de oro mexicano, había sobrevivido a múltiples tormentas personales y profesionales.

Su hija Viridiana, a sus 19 años, no quería seguir los pasos de su madre en la actuación; deseaba libertad, estudiar literatura y vivir lejos de las cámaras.

Sin embargo, en una familia tan mediática y poderosa, la libertad tenía un precio alto.

 

El exchofer, a quien llamaremos Ramiro para preservar su identidad, trabajó para la familia entre 1979 y 1984.

Él era testigo silencioso de la vida detrás del glamour, pero aquella noche cambió todo.

Ramiro recuerda que Viridiana estaba asustada días antes del accidente.

Le pidió revisar el auto varias veces porque sentía que alguien la seguía.

Aunque el coche parecía estar en buen estado, Ramiro nunca pudo olvidar las marcas extrañas que encontró en el sistema de frenos días después del accidente.

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La versión oficial fue simple: Viridiana conducía a exceso de velocidad, perdió el control y se estrelló contra un poste.

No había alcohol ni drogas involucradas, solo un trágico error juvenil.

Pero Ramiro asegura que Viridiana no iba sola esa noche y que vio a un hombre vestido con traje oscuro alejarse del lugar antes de que llegaran las patrullas.

Este hombre nunca apareció en los informes policiales.

 

Silvia Pinal nunca habló públicamente sobre los detalles exactos de la tragedia.

Se refugió en el trabajo y en sus otros hijos, pero quienes la conocieron aseguran que algo en ella se rompió para siempre.

Ramiro cree que Silvia sabía más de lo que decía, pero el miedo la paralizó.

 

Dos semanas antes del accidente, Viridiana encontró una nota amenazante en la cajuela de su auto que decía: “Deja de hacer preguntas o vas a terminar como tu madre casi terminó en el 74”.

Esta referencia al atentado que Silvia sufrió años antes fue una señal clara de que alguien quería silenciar a Viridiana.

 

Ramiro cuenta que Viridiana había comenzado a frecuentar las oficinas de Televisa por insistencia de su madre para conocer el negocio familiar.

Allí, un ejecutivo poderoso comenzó a acosarla, enviándole flores, invitaciones y mensajes persistentes.

Cuando Viridiana le dijo que no, el acoso se intensificó y las amenazas se volvieron explícitas.

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Viridiana documentaba todo en una libreta azul con fechas, lugares y testigos, pero esta libreta desapareció tras su muerte.

Además, Ramiro conserva fotografías que Viridiana le entregó dos días antes de morir, donde se ve al ejecutivo acechándola y un ramo de flores negras con una tarjeta que decía: “Para mi futura esposa, pronto estaremos juntos, quieras o no”.

 

Tres días después del funeral, Ramiro llevó el auto a un mecánico independiente que descubrió que el sistema de frenos había sido manipulado para fallar en una frenada brusca.

Esto no fue un accidente, sino un sabotaje profesional.

 

Cuando Ramiro intentó denunciarlo, fue advertido de no involucrarse si quería mantener su empleo y su vida.

La familia Pinal recibió amenazas telefónicas la misma noche del funeral, advirtiendo a Silvia que dejara de hacer preguntas para proteger a sus otros hijos.

 

El testimonio de Ramiro revela un ambiente de miedo y silencio en Televisa.

Los empleados temían hablar, los testigos desaparecían o eran neutralizados.

El ejecutivo acusado jamás enfrentó consecuencias; por el contrario, ascendió en la empresa y se retiró con honores y una pensión generosa.

 

Silvia Pinal cambió radicalmente tras la tragedia.

Se volvió desconfiada, protectora y evitaba socializar en el medio.

En privado, confesó a Ramiro que sabía quién mató a su hija, pero que hablar significaría poner en riesgo a sus otros hijos.

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La muerte de Viridiana Alatriste no fue un caso aislado.

Ramiro identificó al menos otros dos casos similares en los años posteriores, donde mujeres jóvenes relacionadas con Televisa murieron en circunstancias sospechosas tras enfrentarse a hombres poderosos.

Las investigaciones fueron superficiales y los casos cerrados sin justicia.

 

Alejandra Guzmán y Luis Enrique Guzmán, hermanos de Viridiana, crecieron bajo la sombra de esta tragedia.

Alejandra ha reconocido en privado que la muerte de su hermana no fue un accidente, mientras que Luis Enrique se distanció del medio para protegerse.

 

Con 74 años y enfrentando un cáncer terminal, Ramiro decidió contar esta historia para que la verdad no se pierda en el olvido.

Entregó fotografías, grabaciones y documentos que evidencian el acoso, las amenazas y el encubrimiento que rodearon la muerte de Viridiana.

 

Este testimonio es un llamado para que México reconozca que detrás del brillo y la fama, existen historias de abuso de poder, violencia y silencio cómplice.

La justicia para Viridiana puede que nunca llegue en tribunales, pero su memoria merece ser dignificada y su historia, conocida.