Miguel Canto Solís, un hombre que cumplió 78 años, es una leyenda viva del boxeo mexicano, aunque hoy su vida transcurre en silencio y lejos de los reflectores que alguna vez lo iluminaron.

Miguel Canto, un orgullo boxístico en el olvido
Considerado el mejor peso mosca del siglo XX, Canto defendió su título mundial 14 veces consecutivas y dejó un legado imborrable en el deporte.

Sin embargo, su historia es mucho más que victorias y cinturones; es también un relato de humildad, disciplina, sacrificio y, lamentablemente, olvido.

 

Miguel Canto no nació con la intención de ser boxeador.

De hecho, su sueño inicial era jugar béisbol.

Estudió contabilidad y trabajó en almacenes, llevando una vida tranquila y reservada en Mérida, Yucatán.

Su voz suave y su personalidad introvertida no presagiaban la grandeza que estaba por venir.

 

Todo cambió una tarde cuando su hermano Carlos lo invitó a una función de boxeo en la plaza de toros de Mérida.

Aunque al principio no le interesaba el deporte, aquella pelea encendió en Miguel una pasión que nunca se apagaría.

Al día siguiente comenzó a entrenar con disciplina y dedicación, corriendo diariamente entre 18 y 20 km, hábito que mantuvo durante décadas y que cimentó su extraordinaria condición física.

 

En 1966 Miguel se inscribió en un torneo amateur y comenzó a entrenar seriamente en un club local.

Su progreso fue rápido gracias a una combinación de talento natural y disciplina férrea.

Tras la muerte de su padre, el boxeo dejó de ser una ilusión para convertirse en una necesidad para mantener a su familia.

 

Su debut profesional en 1969 no fue auspicioso: perdió sus primeras peleas, pero su determinación era inquebrantable.

Con el tiempo, venció a Vicente Pool, el ídolo local, y ganó el título estatal de peso mosca, lo que fue la antesala de su llegada a la cima mundial.

Tuve el gusto de visitar a Don Miguel Canto Solís, quien ha sido uno de los  yucatecos que ha puesto en alto el nombre de nuestro Estado. Le entregamos  un reconocimiento conmemorativo

Miguel Canto no era un boxeador de golpes demoledores ni nocauts espectaculares; su estilo era la elegancia, la técnica y la inteligencia.

Se movía por el ring con la gracia de un bailarín, esquivando golpes con una defensa magistral que recordaba a la leyenda estadounidense Willy Pep.

Su capacidad para flexionar el torso y responder con contragolpes precisos desconcertaba a sus rivales y fascinaba a los expertos.

 

Este enfoque hizo que Canto fuera conocido como “el maestro”.

Su dominio técnico y su estrategia mental lo convirtieron en un ajedrecista con guantes, siempre pensando varios movimientos adelante.

Su estilo era la antítesis del boxeo tradicional mexicano, basado en la fuerza y la agresividad; Miguel demostraba que la inteligencia y la técnica podían dominar sin necesidad de fuerza bruta.

 

El 8 de enero de 1975, en Sendai, Japón, Miguel Canto conquistó el título mundial mosca del Consejo Mundial de Boxeo tras vencer por decisión unánime al local Shoji Oguma.

Fue el primer yucateco en lograr un título mundial de boxeo, y su victoria fue celebrada con júbilo en Mérida, donde las calles se llenaron de gente y las campanas de las iglesias sonaron en señal de fiesta.

 

Durante los siguientes cuatro años, Canto defendió su cinturón 14 veces, un récord impresionante, especialmente considerando que las peleas eran a 15 asaltos, mucho más exigentes que las actuales de 12 rounds.

Cada defensa era una demostración de su técnica superior y resistencia física y mental.

 

Entre sus rivales destacaron figuras como Betulio González, a quien derrotó en dos ocasiones después de una primera derrota, y Martín Vargas, un peleador agresivo que no pudo superar la distancia y el movimiento de Canto.

Su trilogía con Shoji Oguma fue otra muestra de respeto y competencia pura entre dos grandes.

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A pesar de su éxito, Miguel Canto mantuvo una vida sencilla y disciplinada.

No se dejó llevar por lujos ni excesos y continuó con su rutina de entrenamiento diario.

Sin embargo, tras su retiro en 1982, la vida le presentó nuevos desafíos.

 

Con el dinero ganado, invirtió en negocios como un hotel y una tienda en Cancún, además de propiedades en Mérida.

Pero su confianza en personas equivocadas lo llevó a perder casi todo debido a malas administraciones y traiciones.

Esta caída económica fue un golpe duro para un hombre acostumbrado a la disciplina y el control.

 

Con el paso del tiempo, la memoria colectiva empezó a olvidar a Miguel Canto.

Las nuevas generaciones desconocen su nombre y sus logros, y los medios apenas lo mencionan.

El boxeo mexicano se enfocó en nuevos campeones y estilos más mediáticos, dejando de lado al maestro yucateco.

 

Además, los años de batallas en el ring pasaron factura a su salud.

Canto desarrolló hidrocefalia, una acumulación de líquido en el cerebro que ha afectado sus capacidades motoras y cognitivas.

Fue operado en 2019, pero su recuperación ha sido lenta y requiere cuidados constantes.

 

Hoy vive en Mérida, en Jardines Miraflores, acompañado por su esposa Irma y un enfermero que lo atiende.

Su vida transcurre entre recuerdos, álbumes de recortes y la compañía de su familia, con la dignidad que siempre lo caracterizó.

Miguel Canto fue nombrado peleador del siglo en la categoría peso mosca por la Associated Press y está inmortalizado en el Salón de la Fama del Boxeo Internacional en Canastota, Nueva York.

Su récord de 14 defensas consecutivas a 15 asaltos y su estilo único lo colocan entre los grandes del boxeo mundial.

 

Sin embargo, su historia también es una llamada de atención sobre cómo el deporte y la sociedad tratan a sus héroes cuando dejan de estar en la cima.

El olvido y la falta de apoyo son una injusticia para quienes dieron todo por su país y su deporte.

 

Recordar a Miguel Canto es un acto de justicia y respeto hacia un hombre que convirtió el boxeo en arte, que defendió con honor su título y que sigue siendo un símbolo de la grandeza y humildad que puede tener un campeón.