Junto al cadáver de un hombre con el rostro destrozado por dos disparos de escopeta, la policía encontró una fotografía inquietante: una mujer joven, de sonrisa dulce, mirada inocente y gesto sereno.

Jeanette se sincera sobre la dolorosa pérdida de su marido después de 52  años juntos: "No creo que la vida se pare"
Era Jeanette.

Nadie entendía qué hacía su imagen allí.

Aquella foto, tomada durante una cena elegante en París apenas dos semanas antes, la convirtió en sospechosa sin haber cometido ningún crimen.

Esa noche, Jeanette tuvo que sentarse frente a los investigadores y explicar por qué su rostro aparecía junto al cuerpo sin vida de Waldo de los Ríos, uno de los compositores más poderosos y respetados de España.

 

Pero la historia de Jeanette no empieza con la muerte, sino con una herida mucho más antigua.

Tenía solo 12 años cuando su padre la sentó a desayunar una mañana cualquiera y pronunció una frase que partiría su vida en dos: “Tu madre y yo nos vamos a divorciar”.

Décadas después, Jeanette describiría ese instante con una sola palabra: trauma.

Nunca había visto una discusión, nunca un grito, y de pronto todo se derrumbó sin previo aviso.

Poco después, su madre hizo las maletas —no las de vacaciones, sino las definitivas— y se la llevó a España.

 

Para una niña criada en Los Ángeles, que solo hablaba inglés y conocía casas con jardín y calles amplias, Barcelona fue otro planeta.

Jeanette recordaría el shock cultural con una imagen imposible de olvidar: ver un burro caminando por una calle de la ciudad.

Jeanette, cantante: "Monté una tienda de ropa en Ibiza y perdí mucho  dinero. Me di cuenta y pensé: '¡Qué estúpido, con lo fácil que es cantar!'"  | Metrópoli
Se perdió, no podía preguntar, no conocía a nadie.

Era una adolescente sola, sin padre, sin idioma y sin raíces.

Aquella soledad la marcó profundamente.

 

La música apareció como su salvación.

En el colegio conoció a unos chicos que ensayaban en un sótano y decidió unirse a ellos.

Con solo tres acordes básicos compuso su primera canción: Cállate, niña.

A los 16 años, ese tema llegó al número uno de las listas españolas durante siete semanas consecutivas.

Jeanette era una colegiala que iba al instituto por la mañana y salía en televisión por la tarde.

Lo había conseguido todo… hasta que su madre se lo quitó.

Le ordenó dejar la música para centrarse en los estudios.

El grupo se disolvió y Jeanette volvió a ser nadie.

 

Ese momento le enseñó una lección que definiría su vida: si tú no decides, otros decidirán por ti.

Jeanette

A los 17 años conoció al hombre que la acompañaría durante 52 años: Laszlo Kristof, un refugiado húngaro, mayor que ella, con quien no compartía ni una sola palabra de idioma.

Se enamoraron sin hablarse y se casaron en Viena.

Jeanette dejó la música por decisión propia.

Quiso ser madre, esposa e incluso piloto de avión.

Parecía haber cerrado esa etapa para siempre… hasta que el teléfono sonó.

 

La discográfica Hispavox la buscaba.

Tenían una canción descartada, fracasada en otros países, que nadie quería grabar.

Se llamaba Soy Rebelde.

Jeanette la rechazó durante semanas.

Decía que no se sentía identificada, que no era rebelde.

Finalmente cedió. La grabó sin entusiasmo.

La censura franquista la consideró peligrosa y la prohibió para menores de 16 años.

Aquello solo la hizo más poderosa.

Soy Rebelde se convirtió en un himno generacional y en uno de los mayores éxitos de la música en español.

Jeanette: "Soy más rebelde ahora con 71 años que con 20" - Uppers

El destino se repitió con Porque te vas, una canción escrita por José Luis Perales en apenas tres horas.

También fracasó en su lanzamiento inicial, hasta que el director Carlos Saura la incluyó en su película Cría Cuervos.

Entonces explotó en todo el mundo.

Jeanette se convirtió en una estrella internacional, llenó el Olympia de París y fue fotografiada junto a Julio Iglesias, aunque siempre negó cualquier romance.

 

Mientras tanto, una figura clave observaba su carrera desde las sombras: Waldo de los Ríos.

Genio musical, director artístico de Hispavox, el hombre que convirtió el Himno a la Alegría en un fenómeno pop.

Waldo lo tenía todo: fama, poder, dinero.

Pero guardaba un secreto mortal.

En la España franquista, la homosexualidad era un delito.

Para sobrevivir, se casó con una mujer, aunque estaba enamorado de un hombre más joven llamado Juan.

Cuando Juan lo abandonó, algo se rompió para siempre.

 

En marzo de 1977, Waldo viajó a París para ver a Jeanette. Cenaron juntos.

Sonrieron para los fotógrafos.

Dos semanas después, Waldo se sentó en su mansión de Madrid, puso una cinta con la voz de Juan repitiendo “te llamo mañana” y se disparó dos veces en la cara.

Tenía 42 años.

Junto a su cuerpo, la policía encontró dos fotos: una de Juan y otra de Jeanette.

 

Jeanette fue interrogada.

Aunque se demostró su inocencia, su imagen quedó manchada.

Aparecer vinculada a un suicidio homosexual en aquella España era devastador.

Aun así, siguió adelante.

Rechazó colaborar con Michael Jackson y con Camilo Sesto.

Dijo “no” cuando todo el mundo esperaba un “sí”.

Era su forma de protegerse.

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Los años pasaron. Su marido enfermó gravemente.

Durante cuatro años, Jeanette lo cuidó mientras él pedía morir.

Ella confesó algo que estremeció al público: rezaba para que falleciera, no por falta de amor, sino para que dejara de sufrir.

Cuando murió en 2022, después de 52 años juntos, Jeanette escribió solo nueve palabras: “Adiós, mi querido amor”.

 

En 2023 sufrió una humillación pública cuando no fue invitada a cantar Porque te vas en el homenaje a Carlos Saura en los Premios Goya.

Se enteró viéndolo por televisión. Días después, cantó la canción junto al féretro del director, donde realmente importaba.

 

Hoy, con más de 70 años, Jeanette vive sola en Madrid, sigue cantando y sigue siendo rebelde.

No la rebelde de los puños en alto, sino la que aprendió a decir “no” para sobrevivir.

Y ahora ya se entiende por qué su foto estaba junto al cadáver de Waldo de los Ríos.

No era un misterio criminal, sino un gesto profundamente humano: la imagen de alguien que, antes de morir, quiso mirar por última vez el rostro de una persona que lo hizo feliz.