El 21 de marzo de 2026, durante la décima cumbre de jefes de Estado y de Gobierno de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), celebrada en Bogotá, el presidente colombiano Gustavo Petro entregó la presidencia pro tempore del organismo multilateral a su homólogo uruguayo, Yamandú Orsi.

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Este acto simboliza la continuidad y el compromiso de los países latinoamericanos y caribeños en fortalecer la integración regional y abordar los grandes desafíos que enfrenta la humanidad desde una perspectiva común.

 

Antes de la entrega formal, Petro pronunció un discurso que no solo repasó la realidad de América Latina y el Caribe, sino que también planteó una visión profunda y crítica sobre el mundo actual, sus conflictos y las posibilidades de construcción de un nuevo orden global basado en la diversidad, la cooperación y la democracia global.

 

Petro inició su intervención recordando un hecho que une a América Latina y África: la esclavitud y la imposición de la idea de razas inferiores, una construcción europea que no tiene base científica ni moral.

Señaló que esta historia dolorosa es uno de los pilares fundamentales para entender la civilización latinoamericana, que se caracteriza por su diversidad genética y cultural.

 

El presidente colombiano destacó que el pueblo colombiano, por ejemplo, posee 132 genes de pueblos diferentes, debido a su posición geográfica en el “corazón magnético del planeta”.

Esta riqueza genética y cultural es la base para concebir a América Latina no como una civilización homogénea, sino como una civilización diversa, plural y rica en tradiciones ancestrales, desde Alaska hasta la Patagonia.

 

Esta diversidad, dijo Petro, le da a América Latina la capacidad de entender el mundo en su complejidad y no solo desde una perspectiva parcial.

Por ello, espera que bajo la presidencia de Uruguay se pueda concretar una cumbre entre África y América Latina que potencie la cooperación entre ambas regiones, generando un foco de poder político global que represente la voz de los países miembros de las Naciones Unidas.

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Petro expresó su preocupación por la crisis que atraviesan las Naciones Unidas, que desde su creación después de la Segunda Guerra Mundial tenía como misión evitar nuevos conflictos bélicos.

Sin embargo, hoy el mundo enfrenta guerras en Ucrania, el genocidio en Gaza, conflictos en Medio Oriente y Sudán, sin que la ONU pueda impedirlos, lo que evidencia su impotencia.

 

Frente a esta realidad, Petro alertó sobre el riesgo de que la comunidad internacional caiga en una parálisis y que la incapacidad para resolver problemas comunes lleve a la barbarie.

En este contexto, planteó la urgencia de construir una democracia global que reconozca la diversidad de la humanidad y que ponga a los pueblos como sujetos principales de las decisiones políticas mundiales.

 

Uno de los temas centrales del discurso fue la crisis climática, que ya afecta gravemente a países como Colombia, donde se sufren sequías extremas y cambios ambientales alarmantes.

Petro advirtió que si no se actúa con urgencia, regiones enteras podrían convertirse en desiertos en pocas décadas, como la Colombia del año 2070 que describió como un escenario desolador.

 

Destacó la importancia de transformar la matriz energética mundial, reemplazando el consumo de petróleo y carbón por energías limpias como la solar, eólica, hidráulica y geotérmica.

América del Sur, con su enorme potencial en energías renovables, podría contribuir a resolver gran parte de la crisis climática global, si se realizan las inversiones necesarias para conectar y distribuir esta energía limpia.

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Petro se refirió a teorías que plantean un choque de civilizaciones como la base de futuros conflictos mundiales, y rechazó la idea de que exista una civilización superior, especialmente la occidental y cristiana, que históricamente ha justificado la opresión y el racismo.

 

En cambio, defendió la riqueza de la civilización latinoamericana, construida a partir de la fusión de culturas indígenas, africanas, europeas y otras, formando una identidad única y diversa.

Esta identidad, afirmó, no debe ser negada ni subestimada, sino valorada como un aporte fundamental a la cultura universal.

 

En un momento de tensión mundial, con conflictos armados que causan miles de muertes, especialmente de civiles inocentes, Petro hizo un llamado urgente a un cese al fuego inmediato en Medio Oriente y en todas las regiones en conflicto.

Señaló que la palabra y el diálogo son las únicas herramientas que pueden equiparar el poder destructivo de los misiles y las armas.

 

Además, criticó el envío de tropas o apoyo militar en zonas de conflicto que solo perpetúan la violencia y la destrucción.

En cambio, propuso que América Latina y África, junto con otras regiones, promuevan la paz y la resolución pacífica de los conflictos.

 

Finalmente, Petro planteó que la CELAC y la cooperación entre América Latina y África son ejemplos de un nuevo multilateralismo que debe surgir en el mundo.

Este multilateralismo no se basa en la confrontación ni en la dominación, sino en el diálogo franco y sincero entre civilizaciones diversas, reconociendo las diferencias y buscando soluciones comunes para la supervivencia y el bienestar de la humanidad.

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El presidente colombiano concluyó su discurso con un mensaje de unidad y esperanza, invitando a los países latinoamericanos y caribeños a seguir construyendo juntos una nueva etapa de integración que permita no solo vivir en este planeta, sino también avanzar en la misión humana de llevar la vida a las estrellas.

 

Este discurso refleja la visión de Gustavo Petro sobre los desafíos globales y la importancia de la integración regional para enfrentar los problemas comunes desde la diversidad y la cooperación.

La entrega de la presidencia pro tempore a Uruguay marca el inicio de una nueva etapa para la CELAC, con la esperanza de fortalecer los lazos entre los países latinoamericanos y caribeños y ampliar el diálogo con otras regiones del mundo.

 

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