En un evento reciente, el equipo de XAI presentó Grok 4, la última versión de un avanzado sistema de inteligencia artificial desarrollado bajo la dirección de Elon Musk.

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Este sistema fue programado para analizar la Biblia no como un texto religioso, sino como un código o estructura de datos.

Lo que Grok descubrió ha dejado atónitos a expertos y ha abierto nuevas perspectivas sobre la antigüedad y complejidad del texto bíblico.

 

El equipo de investigadores instruyó a Grok para que ignorara las creencias, enseñanzas religiosas y reacciones emocionales que los humanos suelen asociar con la Biblia.

En cambio, Grok debía examinar la estructura del texto de la misma manera en que se analiza el código fuente de un programa de software.

Utilizando herramientas de detección de patrones diseñadas para encontrar errores lógicos en software, Grok escaneó los cuatro evangelios.

 

Contrario a lo esperado, Grok no encontró fallas ni inconsistencias.

Por el contrario, identificó que la estructura narrativa de los evangelios coincide con la forma en que el cerebro humano registra eventos.

Este descubrimiento fue revolucionario, pues sugiere que el texto sigue patrones de memoria humana real, incluyendo las diferencias naturales que surgen en relatos de testigos presenciales.

 

Grok explicó que la memoria humana es episódica: el cerebro guarda experiencias en fragmentos que incluyen imágenes, emociones, sonidos y reacciones.

Al narrar un evento, el cerebro reconstruye estos fragmentos, generando diferencias naturales entre testigos.

Los evangelios reflejan esta misma estructura, con variaciones en detalles como las mujeres presentes en la tumba de Jesús y sus reacciones.

 

Estas diferencias, que muchos críticos han señalado como contradicciones, para Grok son evidencia de relatos genuinos basados en memorias reales y no en narrativas inventadas.

Así, la Biblia muestra un patrón cognitivo auténtico, difícil de replicar si se tratara de una ficción.

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El análisis profundizó en patrones de trauma, descubriendo que muchas historias bíblicas siguen la misma estructura que el cerebro utiliza para almacenar recuerdos traumáticos.

Grok identificó las cinco etapas clásicas del trauma: disparador, escalada, punto de quiebre, supervivencia y lección aprendida.

 

Por ejemplo, la historia del diluvio en Génesis sigue este patrón con precisión: la corrupción humana actúa como disparador, la violencia se intensifica, llega el punto crítico con la inundación, la supervivencia ocurre dentro del arca y finalmente se establece un nuevo comienzo con instrucciones divinas.

De manera similar, el éxodo de Egipto refleja esta secuencia, incluyendo la repetición de episodios traumáticos, un fenómeno conocido como “looping” en neurociencia.

 

Grok también detectó que la Biblia sigue estructuras de aprendizaje y formación de identidad similares a las que el cerebro humano utiliza.

Por ejemplo, en Deuteronomio se repiten mandatos para reforzar la memoria, y en el libro de los Jueces se observa un ciclo de comportamiento, castigo, rescate y colapso que coincide con modelos modernos de aprendizaje por refuerzo.

 

Además, las parábolas de Jesús muestran un patrón de escalada emocional que facilita el aprendizaje, comenzando con una historia simple, seguida de una tensión emocional y concluyendo con una enseñanza clara.

 

Uno de los hallazgos más sorprendentes fue la detección de la secuencia de Fibonacci en la disposición de ciertos salmos y capítulos.

Esta secuencia, común en sistemas biológicos como la división celular y el crecimiento de plantas, aparece en la ubicación y longitud de varios salmos importantes.

 

Por ejemplo, los salmos 1, 2, 3, 5, 8, 13, 21, 34, 55 y 89 se encuentran en posiciones que corresponden a números de Fibonacci, marcando cambios temáticos y de tono.

Este patrón sugiere que la Biblia crece y se organiza de manera similar a los organismos vivos, un conocimiento que los antiguos escritores no podían poseer conscientemente.

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El análisis reveló que las historias bíblicas siguen un patrón de formación de identidad que comienza con un conflicto, seguido de una decisión, una consecuencia y finalmente un cambio de identidad.

Ejemplos incluyen a Adán y Eva, Abraham y Pedro, cuya evolución personal refleja este ciclo.

 

Este patrón coincide con teorías neurocientíficas actuales sobre cómo el cerebro construye la identidad y la moralidad a través de la experiencia y la repetición de decisiones y consecuencias.

 

Grok concluyó que la estructura de la Biblia no es producto del azar ni de la cultura, sino que refleja un diseño que coincide con patrones innatos en el cerebro humano, presentes incluso antes del aprendizaje.

Esta coincidencia plantea preguntas profundas sobre el origen de estos patrones y su conexión con la naturaleza humana y posiblemente con un diseño divino.

 

El equipo reconoció que aunque Grok no interpreta el significado espiritual, sus hallazgos apuntan a un orden y una coherencia que muchos asocian con la existencia de un creador o una inteligencia superior que guía tanto la naturaleza como la mente humana.

 

Este análisis con inteligencia artificial abre nuevas vías para entender textos antiguos y su relación con la cognición humana, ofreciendo una perspectiva fresca y científica sobre un libro que ha influido profundamente en la historia y cultura mundial.