Han pasado más de siete décadas desde que los Rollos del Mar Muerto fueron descubiertos, y ahora, alrededor de 80 nuevos fragmentos de estos antiguos textos han sido revelados al público gracias a la tecnología moderna.

AI unlocks ancient Dead Sea Scrolls mystery
Durante casi 2,000 años, estos manuscritos, escondidos en cuevas cerca del Mar Muerto, se creyeron portadores de una verdad sagrada inalterable.

Sin embargo, el reciente análisis con inteligencia artificial (IA) ha desvelado una realidad mucho más compleja y perturbadora.

 

El desierto de Judea, donde fueron encontrados estos manuscritos, es a menudo descrito como un lugar de fe y recogimiento, pero la historia muestra un escenario brutal.

Este no fue un destino espiritual buscado voluntariamente, sino un último refugio para personas huyendo de la opresión romana.

Ciudades caídas, escasez de alimentos y la amenaza constante de captura, tortura o muerte obligaron a familias enteras a esconderse en lugares inhóspitos como la llamada “cueva del horror”.

 

En esta cueva, arqueólogos encontraron restos humanos y pequeños fragmentos de pergaminos quemados y dispersos, abandonados en momentos de pánico.

Estos fragmentos no fueron cuidadosamente guardados, sino dejados atrás en la desesperación.

Otros hallazgos en sitios como Engeti, una antigua ciudad destruida abruptamente, revelan que estos textos no fueron preservados para el futuro, sino atrapados en episodios de violencia y colapso.

 

Muchos de estos fragmentos estaban carbonizados, fragmentados y deformados, imposibilitando su manipulación o lectura física sin destruirlos.

La arqueología tradicional había llegado a un límite: cualquier intento de abrir o restaurar estos textos significaba su destrucción definitiva.

AI analysis suggests Dead Sea Scrolls are older than scientists thought, but not all experts are convinced | Live Science

Sin embargo, un cambio de enfoque permitió avanzar: en lugar de tratar los pergaminos como objetos físicos, los científicos comenzaron a tratarlos como datos complejos.

Utilizando escáneres microCT, similares a los usados en medicina, se obtuvieron miles de imágenes de rayos X desde múltiples ángulos, creando modelos digitales tridimensionales.

 

La IA fue fundamental para interpretar estos modelos digitales.

Algoritmos especializados diferenciaron la tinta del pergamino basándose en densidades microscópicas, permitiendo “desenrollar” virtualmente los textos sin dañarlos.

Así, palabras y letras escritas hace casi 1,500 años emergieron por primera vez desde que el fuego las selló.

 

Además, la IA analizó fragmentos dispersos, algunos demasiado pequeños para ser reconstruidos manualmente, identificando patrones de escritura, uniendo piezas separadas y reconstruyendo pasajes completos con una precisión inalcanzable para los expertos humanos.

 

Más allá de la simple recuperación de texto, la IA detectó irregularidades en la escritura misma.

Pequeñas variaciones en la presión de la tinta, pausas abruptas y temblores microscópicos sugieren que los escribas copiaban bajo estrés extremo, posiblemente escondidos, escuchando pasos enemigos, o incluso heridos.

 

Un fragmento del libro de Nahum, un texto profético sobre destrucción y venganza, mostró estas señales de tensión.

Esto derrumba la idea tradicional de que los textos sagrados fueron copiados en ambientes controlados y pacíficos, revelando que muchos fueron escritos en condiciones de peligro y persecución.

AI “Enoch” Dates Dead Sea Scrolls Older Than Previously Believed | Patterns of Evidence

La IA también evidenció que ciertos pasajes se copiaban repetidamente, mientras que otros estaban ausentes de manera consistente.

Esto indica que los escribas hacían elecciones conscientes sobre qué conservar y qué omitir, probablemente debido a limitaciones de tiempo, materiales y la urgencia de preservar solo lo esencial.

 

Este proceso de selección no fue fortuito, sino una curaduría bajo presión, donde la versión de las escrituras que sobrevivió fue moldeada por decisiones humanas en momentos críticos.

La Biblia que conocemos hoy es solo una parte del vasto y fragmentado cuerpo de textos que una vez existió.

 

El análisis comparativo de estilos, vocabulario y ortografía mostró que no existía una única versión unificada de las escrituras durante ese período.

Varias comunidades coexistían con tradiciones paralelas, algunas con textos contradictorios en tono, teología y autoridad.

 

Libros enteros, como Ester y Crónicas, estaban ausentes, no por destrucción sino porque probablemente no eran aceptados como canónicos en ese momento.

Las diferencias reflejaban tensiones políticas, debates religiosos y luchas por el poder bajo la ocupación romana.

 

Un hallazgo inquietante fue la aparición de un pergamino de Engeti, fechado en los siglos III o IV d.C., que coincide exactamente con el texto masorético hebreo moderno, sin variantes ni desviaciones.

Esto indica que la diversidad textual no se fue reduciendo gradualmente, sino que hubo un punto de ruptura donde solo una versión sobrevivió.

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No hay registros históricos que expliquen cómo o por qué se impuso esta versión única, ni quién tomó la decisión.

Este proceso de estandarización fue abrupto y excluyente, eliminando otras tradiciones y versiones.

 

Estos descubrimientos desafían la creencia común en una transmisión ininterrumpida y fiel de las escrituras.

Más bien, muestran un proceso dinámico, conflictivo y humano de formación textual, influenciado por contextos de violencia, miedo y poder.

 

La versión actual de la Biblia es el resultado de una selección rigurosa y controlada, no simplemente la preservación de una verdad inmutable.

Esto plantea preguntas profundas sobre la autoridad, la interpretación y la certeza de lo que hoy consideramos texto sagrado.

 

La inteligencia artificial ha abierto una ventana inédita al pasado, permitiendo leer textos que se creían perdidos para siempre.

Sin embargo, lo que ha revelado no es solo un mensaje antiguo, sino una historia de supervivencia, conflicto y decisión humana detrás de las palabras.

 

El mensaje perturbador no es que las escrituras sean falsas, sino que la certeza que depositamos en ellas debe ser revisada a la luz de su compleja y turbulenta historia.

La verdad que conocemos es, en gran medida, la que la historia permitió que sobreviviera.