Luz María Aguilar, la elegante y serena figura que fue uno de los rostros más emblemáticos de la Época de Oro del cine mexicano, ha decidido romper su silencio a los 90 años y revelar detalles que durante décadas se mantuvieron ocultos.

Luz María Aguilar está Ahora casi 90 Años y Cómo Vive es Triste
Su nombre estuvo rodeado de rumores, especialmente sobre un supuesto romance con el entonces presidente de México, Gustavo Díaz Ordaz, una relación que nunca confirmó ni negó hasta ahora.

Esta confesión no solo arroja luz sobre un capítulo personal, sino también sobre una época política y social muy compleja en México.

 

Corría el año 1965 cuando México vivía una etapa de rigidez política bajo el mando de Gustavo Díaz Ordaz, un hombre conocido por su severidad y control férreo.

En medio de ese clima, Luz María Aguilar, una actriz en ascenso y símbolo de elegancia y sobriedad, logró atravesar la barrera de Los Pinos, la residencia presidencial, y entablar una relación especial con el mandatario.

 

Testimonios de la época relatan que durante una recepción oficial organizada para homenajear a artistas mexicanos, Díaz Ordaz mostró una faceta poco conocida: una sonrisa genuina y un interés particular por la actriz.

Luz María, por su parte, quedó sorprendida por la intensidad silenciosa del presidente, y lo que comenzó como una charla formal pronto se convirtió en un vínculo más profundo.

 

Durante semanas, Luz María comenzó a recibir gestos anónimos y señales que confirmaban el interés del presidente: gardenias blancas, notas firmadas con sus iniciales y invitaciones a cenas privadas en residencias oficiales.

Sin embargo, la relación estuvo marcada por la discreción y el miedo, dada la posición de Díaz Ordaz y la naturaleza del régimen político.

No soy una actriz consagrada”: Luz María Aguilar

Luz María confesó que hubo afecto, pero también temor, pues ella era joven y él era el hombre más poderoso del país.

Este tipo de amor, dijo, era peligroso y por ello mantuvo silencio durante décadas, respetando tanto la presidencia como su privacidad.

 

A diferencia de otras actrices que aprovecharon sus vínculos con figuras políticas para avanzar en sus carreras, Luz María Aguilar eligió mantener su integridad y no beneficiarse de la relación.

Prefirió la paz a la comodidad que le ofrecía Díaz Ordaz, y esta decisión tuvo consecuencias en su vida profesional y personal.

 

Cuando la masacre de Tlatelolco en 1968 destruyó el legado político del presidente, Luz María desapareció casi un año de la vida pública.

Algunos creen que no pudo reconciliar la imagen del hombre que le recitaba poemas con el mandatario que ordenó la represión.

 

Nacida en 1935 en Ojinaga, Chihuahua, Luz María Aguilar llegó a la Ciudad de México con sueños y determinación.

Su carrera comenzó en el teatro y el cine, donde se destacó por su elegancia, control emocional y rechazo a papeles denigrantes.

Fue una figura que desafió a los directores y exigió respeto, ganándose tanto admiración como enemistades.

La belleza de Luz María Aguilar en los 50 que impactaba

Participó en más de dos docenas de películas durante la Época de Oro, trabajando con grandes actores y manteniendo una imagen pública de dignidad y complejidad.

Su rebeldía la llevó a luchar por la igualdad salarial y a criticar diálogos sexistas, posicionándola como una mujer adelantada a su tiempo.

 

La vida de Luz María también estuvo marcada por la pérdida de su hermano Enrique Aguilar, un prometedor actor que murió trágicamente en un accidente en 1971.

Esta pérdida dejó una marca profunda en ella y se reflejó en la intensidad de sus interpretaciones posteriores.

 

A lo largo de su vida, Luz María mantuvo una línea clara entre su vida privada y profesional, evitando escándalos y enfocándose en su trabajo.

A sus 90 años, en un homenaje televisado, habló con sinceridad sobre su relación con Díaz Ordaz, describiendo un amor complicado, lleno de afecto y miedo, pero también de independencia y dignidad.

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Luz María Aguilar es un símbolo de integridad en el cine mexicano.

Su historia revela la complejidad de ser mujer, actriz y figura pública en un México marcado por el poder y la política.

Su decisión de mantener el silencio durante años y luego compartir su verdad es un acto de valentía que invita a reflexionar sobre el papel de las mujeres en la historia y en la cultura.

 

Hoy, Luz María vive rodeada de recuerdos y reconocimientos, con un legado que trasciende sus papeles en pantalla y que inspira a nuevas generaciones a buscar la verdad y la autenticidad.